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Da Vinci Xi, el ‘artista’ de la cirugía robótica en Bogotá

El instrumentalista envuelve con plástico esterilizado cada uno de los brazos metálicos. El médico verifica una a una las pinzas que va a utilizar. Lentamente, un robot de casi dos metros se desplaza hacia la camilla mientras su voz, un poco parecida a la de Siri, anuncia: “Da Vinci está listo para iniciar”.

Un láser marca el punto exacto en el que operará este cirujano digital.

Se trata del Da Vinci Xi, un asistente de cirugía robótica que imita los movimientos del cirujano. Su lugar de trabajo es una de las salas de cirugía de la clínica Shaio, en Bogotá, donde sus cuatro brazos realizan cirugías generales, cardiovasculares y torácicas, así como procedimientos de coloproctología, ginecología y urología. Desde su llegada a la Shaio, ha colaborado en 80 cirugías.

Gracias a un rango de rotación de 540 grados y a la precisión con la que reproduce los movimientos de las manos del cirujano, mientras elimina cualquier temblor, el Da Vinci Xi –la cuarta generación de su línea de asistentes robóticos– realiza procedimientos mucho menos invasivos.

Las incisiones son de aproximadamente un centímetro. Cuando sutura, alterna hilo y aguja con la misma destreza que los especialistas que lo operan a distancia.

Además, amplifica diez veces la profundidad en la visión del especialista, que dispone, al tiempo que opera los controles de la máquina, de un punto de vista privilegiado y en alta resolución, gracias a una cámara endoscópica de 8 milímetros.

Múltiples ventajas

El robot habita una de la salas de la Shaio hace un año. Danilo Citarella, director del programa de robótica de la entidad, asegura que con el uso de esta tecnología se logra reducir el riesgo de infección, hay menor pérdida de sangre y se produce una disminución del dolor y de la analgesia para los pacientes. 

Así mismo, señala el médico, “permite que los pacientes obtengan menor tiempo en estancia hospitalaria, incrementando la rotación de camas, y menor tiempo de medicación, disminuyendo costos de analgesia”.

A su vez, el sistema le ofrece al especialista la posibilidad de realizar las intervenciones en una posición más cómoda, reduciendo la fatiga y facilitando operar en zonas de difícil acceso.

Pero Da Vinci es mucho más que solo los brazos, que en rigor forman parte de lo que se conoce como el ‘carro del paciente’.

El segundo componente es la consola, ubicada a un metro del paciente. Desde allí, con su cabeza en el visor, el cirujano realiza los movimientos que el Da Vinci Xi imita con total precisión.

La tercera y última parte del equipo es el carro de visión. Es allí donde se proyecta la imagen de la cámara. Es casi la misma que puede ver el cirujano, pero este tiene, en la consola, una mayor sensación de profundidad.

Las mejores manos

Como si se tratara de un dibujo que se realiza sobre una pantalla touch, el monitor que proyecta la imagen permite realizar sobre esta gráficos que el cirujano ve desde la consola.

Así, otros integrantes del equipo quirúrgico pueden señalar el sitio exacto para hacer un movimiento, una incisión o una sutura adicional.

Aunque a algunos podría intranquilizarlos la idea de que un movimiento descuidado sobre los controles accione brazos que están literalmente dentro de una persona, el sistema cuenta con sensores que bloquean por completo las pinzas si el cirujano aparta la cabeza de la consola. Así evitan cualquier movimiento que no sea parte de la cirugía.

El médico opera inmerso en el mundo virtual que le presenta la consola; junto al paciente permanecen un anestesiólogo, uno o dos asistentes de cirugía, un instrumentador quirúrgico, un jefe y un auxiliar de enfermería. Así lo explicó Agustín Cárdenas, médico coordinador de cirugía robótica de la Shaio.

Para Citarella, se trata nada menos que de “la más alta tecnología en las mejores manos”. Por su parte, a los pacientes solo les queda una pequeña incisión para contarles a sus familiares y amigos la historia de cómo los operó un cirujano robot.

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